Hace un par de años, en una parroquia de Roma donde era catequista, estaba
tratando el tema de la Anunciación. Aproveché, por tanto, la ocasión para
hablar un poco de la familia terrena de Jesús. En un cierto momento, no
recuerdo en relación con qué, una niña afirmó: “Mi gran miedo es que mis
padres se divorcien…”.

Después de esa externalización, le siguieron los comentarios de los
compañeros, que, uno detrás de otro, empezaron a decir: “Sí, también el
mío”. Y lo dijeron todos.

Eran diez niños, no es una muestra representativa que nos permita afirmar
que “el miedo más grande de todos los niños es la separación de los
padres”, pero ese episodio me hizo meditar.

No soy ni psicóloga ni pediatra, pero ese día reflexioné mucho sobre el
hecho que los niños no vienen separadamente del padre o de la madre, sino
de la unión de los dos y ninguna ley, ninguna ideología podrá nunca cambiar
esta realidad.

Sin juzgar a todas esas personas que han encontrado en el divorcio la única
solución a sus problemas, creo que no se puede olvidar que para los niños
la separación de los padres es un drama.



La separación: fuente de sufrimientos para los cónyuges y para los
hijos

El final de un matrimonio es siempre fuente de sufrimiento y de
dificultades. Verdad descontada. Sin embargo, este no debería ser un punto
de llegada de la reflexión, sino un punto de partida o de re-partida.

Dos personas que se casan nutren, más o menos conscientemente, esperanzas y
expectativas hacia su unión: se presume que si dos personas deciden casarse
es porque creen y se desean transcurrir serenamente el resto de su vida
juntos.

Sean los que sean los motivos que pueden llevar a una separación, es verdad
que en cualquier caso se trata de un fracaso que deja heridas.

¿Pero qué sucede cuando el divorcio sucede entre personas que tienen hijos?
¿Cómo viven los niños la separación de los padres?

Muchos creen que el niño puede crecer adecuadamente también con los padres
separados: lo que contaría para el niño, de hecho, sería el amorde la madre y el amor del padre….no el amor entre la madre y el padre.

Pero ¿es realmente así?


El conflicto: primera causa de dolor para los hijos

Muchos psicólogos concuerdan en el hecho de que los hijos crezcan mejor con
padres separados en vez de en un clima de conflicto con padres que viven
juntos. Son de este parecer, por ejemplo, el doctor Marco Schneider,
psicólogo y psicoterapeuta sistémico familiar y la doctora Stefania
Ferrari, psicóloga y mediadora familiar. De acuerdo con un


estudio

realizado por ellos, habría una estrecha correlación entre el conflicto
entre los padres (unidos o separados) y el malestar psicológico de los
hijos. Según ellos, es por tanto más importante que los padres no estén en
conflicto en vez de que estén juntos. Hay además situaciones extremas, en
las que la separación se presenta como la única salida.

En la audiencia general del miércoles 24 de junio de 2015, el Papa
Francisco afirmó que «es verdad que hay casos donde la separación es
inevitable. A veces puede llegar a ser incluso moralmente necesaria». Hay
de hecho situaciones oprimentes, en las que «se trata de sustraer al
cónyuge más débil, o a los hijos pequeños, de las heridas más graves
causadas por la prepotencia y la violencia, el desaliento y la explotación,
la ajenidad y la indiferencia».


Pero el lugar ideal para crecer permanece una familia unida

Sin embargo, a pesar de que las primeras causas de malestar para los niños
son el conflicto y la violencia, no podemos olvidar que también el divorcio
en cuanto tal – también cuando es vivido en aparente armonía – genera en
ellos laceraciones.

Los hijos son el fruto de una unión, no vienen de dos personas tomadas
singularmente. Esto, a nivel biológico y antropológico no puede ser
considerado un hecho irrelevante: los hijos, viniendo de esa unión, quieren
participar de ella y en ella buscan protección.

Los niños no solo prefieren vivir con ambos padres, en vez de pasar de una
casa a otra, sino que son felices de ver que su madre y su padre se aman.
Crecer en una familia unida les ayuda a adquirir seguridad y confianza en
las relaciones humanas.



La relación de los padres: primer modelo relacional para los hijos

No puede descuidarse el hecho de que los niños aprenden a relacionarse con
los otros, incluidos los futuros novios o cónyuges, sobre la base de las
relaciones que han vivido con los padres y que han visto entre los padres.
Una persona que ha asistido al disgregarse del propio núcleo familiar puede
ser poco propensa a creer en las relaciones sólidas y duraderas y puede
tener dificultad para comprometerse seriamente en una relación porque,
quizá inconscientemente, la teme.

Son muchas las dificultades que pueden nacer de esta condición que, en
cualquier caso, viene percibida por el niño como una condición anómala. Es
esto lo que demuestra otro

estudio

realizado por el “Centro de Psicología Clínica y Psicoterapia”.


El amor entre los cónyuges: un bien también para los hijos

El hombre y la mujer se convierten en padre y madre juntos, en el mismo
momento. Ver al padre que ama a la madre y viceversa puede ayudar al niño a
descubrir qué es el amor.

Quien ha fracasado en la tarea de mostrar la maravilla del amor esponsal no
debe ser estigmatizado: condenar a alguien desde fuera es tan fácil como
injusto.

A todos aquellos que van a aventurarse en la misión de convertirse en
padres, sin embargo, es necesario recordar que cultivar el amor no será un
bien solo para ellos, sino también para los hijos: para los niños, de
hecho, no será lo mismo ver que los padres viven una relación conyugal
fecunda, serena, armoniosa o sufrir sus conflictos hasta el día de la
división definitiva.

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