La generación consentida

La generación consentida

Aric Sigman. The Spoilt Generation. Why Restoring Authority Will Make Our Children and Society Happier . Piatkus, Londra 2009

Los niños británicos son los más infelices de Occidente, según un estudio de UNICEF que abarca los 21 países más industrializados del mundo. Estados Unidos le sigue de cerca. Un estudio financiado por el gobierno inglés prueba que el número de niños con enfermedades psiquiátricas se ha duplicado en los 30 últimos años. Uno de cada diez niños sufre desórdenes como la depresión, anorexia, ansiedad o conductas antisociales.

Paradójicamente, en las sociedades occidentales más “avanzadas”, existe un clima político y cultural hiperprotectivo de los derechos de la infancia. El resultado, sin embargo, es que estamos formando una generación consentida de niños y jóvenes que son tiranos en sus hogares e inviables socialmente. Las otras instancias educativas –enseñantes a todos los niveles, por ejemplo- se muestran incapaces de establecer límites e imponer su autoridad a niños y jóvenes malcriados.

Esta es la denuncia, de tonos alarmistas pero bien documentada, del Dr. Aric Sigman, Fellow de la británica Royal Society of Medicine y de la British Psychological Society, padre además de cuatro hijos, quien interviene a menudo en los medios de comunicación en su país sobre cuestiones educativas y familiares. Sigman había ya publicado Remotely Controlled: How Television is Damaging Our Lives.

Con un lenguaje vivo, colorido, muy coloquial –en algunos casos extremadamente coloquial- y con profusión de datos científicos y estadísticos, el autor presenta las causas de esta situación: padres estresados por el trabajo que apenas pueden dedicar tiempo a sus hijos; familias desechas y rehechas en las que los hijos aprenden a chantajear emotivamente a padres que se sienten culpables; clima cultural que homogeniza el papel del padre y de la madre confundiendo así la psicología de los niños que necesitan roles complementarios y no “dos madres”, una titular y otra ayudante; déficit de paternidad en las familias; exceso de atención delegada en instituciones externas a la familia (guarderías) debido a las condiciones laborales de la sociedad; padres desorientados en su papel de formadores por influencia de ideologías educativas libertarias asumidas socialmente in modo acrítico...

El grueso del libro desarrolla estos factores. En vista del público de nuestro sitio web, me concentro en uno de ellos.

El factor media

Un capítulo aparte merece el factor “medios de comunicación”, cuya influencia redunda y amplifica los factores precedentes. Uno de los investigadores sobre la influencia de los medios de comunicación social mas respetados mundialmente, George Gerbner, oportunamente citado también en el libro, afirmaba: “Por primera vez en la vida del hombre las historias acerca de la gente, de la vida y los valores no son contadas por los padres, la escuela, la religión, u otros en la comunidad que tienen algo que decir, sino por un grupo de distantes conglomerados que tienen algo que vender”.

“En términos freudianos –dice Sigman-, las solicitaciones compulsivas de los medios electrónicos estimulan el yo de los niños, el área de gratificación instantánea y del impulso de placer, base de los tres estratos de la personalidad. Así, convierten las inclinaciones en expectativas, distorsionando en consecuencia su desarrollo”. Freud aparte, estudios recientes demuestran que la actividad neuronal del lóbulo frontal del cerebro, ligada a la toma de decisiones y al control de los impulsos y de la conducta, disminuye en aquellos que ven más escenas violentas en tv e incide por tanto sobre la conducta agresiva, especialmente en aquellos jóvenes diagnostivados de DBD (desórdenes perturbadores de la conducta). Las áreas cerebrales ligadas a la empatía, tan importante para la comprensión de las emociones ajenas y por ende para la convivencia, no es estimulada cuando se navega en Internet (p. 121), que en cambio estimula áreas relacionadas con la atención simultánea, favoreciendo eso sí el “multitasking”. Se observa en conjunto que, ya a partir del año 2000, las personas dedican más tiempo al mundo virtual que a las relaciones reales con los otros. Ignoramos qué consecuencias puede tener esto en la conducta y en el desarrollo de los niños. Ciertamente serán distintos. Que los ojos sean o no las ventanas del alma, como recita el refrán, lo cierto es que “son la ventana del cerebro emocional”, según un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Diego en California: “la comunicación cara a cara –que es afectada por la oxytocina- es decisiva para la comunicación emotiva, en todo tipo de emociones, amor miedo, confianza y ansiedad”.

Comer juntos y salud mental

Finalmente, entre los estudios, menciono un dato estadístico que confirma una obviedad de sentido común. Un estudio de la Universidad de Columbia (Nueva York) dice que “la presencia habitual de al menos un padre a cena impide la depresión, la ansiedad y el consumo de sustancias perjudiciales de los niños, quienes obtienen además resultados académicos mejores, si comparados con quienes cenan solos”. Los mismos o parecidos resultados arrojan otros estudios (pp. 125 y ss.)

Pudiera parecer que es descubrir el agua caliente. Las culturas más sabias han entendido sin necesidad de estudios empíricos que comer juntos, y bien si es posible, humaniza, civiliza, es expresión de cultura. De todos modos, si la estadística también nos da otra razón para apagar el televisor mienstra se come en familia, bienvenida sea la estadística.

Y hablando de comida y medios de comunicación, selecciono un buen argumento del libro de Sigman. Ningún padre, en su sano juicio, pondría un frigorífico en la habitación del niño o de los niños para que administren su propia dieta alimenticia. Sin embargo, muchísimos padres delegan a sus hijos la dieta mediática que consumen en su propio cuarto delante del televisor o del computer conectado a Internet.

El libro, sugerente y entretenido, sin pretensiones filosóficas o académicas, muy recomendable para orientadores familiares y estudiosos de la familia, gira en torno a una idea simple y a una propuesta. Hay que restaurar la autoridad en el seno de la familia, haciendo que los padres retomen su papel de educadores. Solo así se criarán jóvenes viables socialmente. El diagnóstico no vale solo para las sociedades industriales occidentales, en donde basa el autor sus observaciones.