Cinco películas sobre la familia

Cinco películas sobre la familia

Todos los días de mi vida (Michael Sucsy, 2012)

Amor eterno: esto es lo que se prometen un hombre y una mujer cuando se convierten en marido y mujer; amor y dedicación para todos los días de su vida, en lo bueno y en lo malo, en la salud y la enfermedad.

¿Qué puede ser de un matrimonio si uno de los dos esposos se olvida que ha hecho este juramento? ¿Si uno de los dos no reconoce ni siquiera el rostro de la persona que ha elegido?

En Todos los días de mi vida, película del 2012 basada en hechos reales, dirigida por Michael Sucsy, dos jóvenes esposos muy enamorados sufren un accidente de tráfico: él sale prácticamente ileso, ella, por el fuerte impacto, pierde la memoria y esto la lleva a no recordar nada del matrimonio. Con dulzura y paciencia, él ayuda a la mujer en todo, aceptando durante mucho tiempo su total “ausencia” y honrando de esta forma esas promesas que ella ha olvidado, pero que él todavía lleva dentro de sí.

Además de hacerse cargo de las dificultades unidas al problema de la pérdida de memoria de la mujer, el marido intenta con todos los modos posibles despertar en ella el recuerdo de su amor y que vuelvan a vivir su relación.

Se trata de una película conmovedora, a veces divertida, que puede ayudar a reflexionar sobre el significado del matrimonio. El amor representado, de hecho, va más allá de la felicidad de un periodo, del estar bien juntos, de la sintonía, del estar de acuerdo.

Es un amor auténtico: un amor sin ‘si’ y sin ‘pero’, un amor humilde, paciente, capaz de enormes sacrificios y dispuesto a pasar por el dolor. Es un amor que sabe aceptar morir para resurgir.

Los increíbles (Brad Bird, 2004)

¿Es necesario ser superman para hacer funcionar una familia? Quizá no, pero seguramente hay un "super poder" indispensable: la capacidad de permanecer unidos en los momentos de prueba.

Los increíbles, una película de acción de Disney del 2004, dirigida por Brad Bird y que sigue viéndose muy bien, cuenta la historia de una familia en la que todos los miembros tienen poderes particulares, empezando por el padre y la madre, hasta el bebé que todavía ni siquiera sabe hablar.

Marido, mujer y tres niños, acostumbrados a vivir escondidos, deberán usar sus dones especiales para salvar la ciudad y a ellos mismos de un gran peligro, pero descubrirán que los “poderes” más grandes y valiosos son la capacidad de estar unidos, de suplir los unos las faltas de los otros, hablarse y perdonarse.

Son unos dibujos animados divertidos y entrañables, aconsejables a grandes y pequeños, que muestran cómo el unirse, en vez de alejarse, puede marcar la diferencia en una familia; independientemente de las dificultades que se encuentran dentro del núcleo familiar o presentadas por el ambiente que nos rodea.

Un paseo para recordar (Adam Shankman, 2002)

Muchos, frente al mal, dejan de creer en Dios y en los milagros. ¿Por qué si Dios existe y ama a los hombres, no sana a todos los enfermos, sobre todo a los más jóvenes?

Esta pregunta debería sin embargo llevar consigo otra: ¿es la curación el único milagro posible?

Un paseo para recordar, película de 2002 basada en el libro homónimo del escritor Nicholas Sparks y dirigida por Adam Shankman, presenta un gran milagro, bien distinto de la sanación: el milagro del amor que nace del dolor y le da un sentido; del amor que redime y ayuda a los hombres a vencer la desesperación, la mediocridad, el sinsentido.

Los protagonistas de la historia son un chico y una chica. A él al principio no le gusta, pero después, viéndose con frecuencia, se deja contagiar por su forma de vivir: sencilla, auténtica, genuina. Primero se hacen amigos, y después se enamoran profundamente.

Pero deben afrontar una gran prueba: la grave enfermedad que ella sufre, que les afecta en el sueño de una vida juntos. A pesar de ello, los jóvenes deciden casarse, para vivir plenamente lo que les queda.

En una época en la que para unirse en matrimonio se espera que todo sea “perfecto” y en el que se escapa del dolor en vez de afrontarlo, alguno podría preguntarse qué sentido tiene casarse teniendo delante de los ojos solo pocos días y, además, marcados por el sufrimiento. La película ayuda sin embargo a reflexionar sobre el hecho de que no importa el número de días disponibles y el bienestar alcanzable, sino el amor que se dona en el tiempo del que se dispone.

Brave (Mark Andrews y Brenda Chapman, 2012)

Orgullo, incomprensión, encerrarse en sí mismos, imposición de los propios deseos: son solo algunos de los obstáculos que impiden la serenidad en las familias y son las problemáticas afrontadas en la película de animación de Disney Brave, del 2012, dirigido por Mark Andrews y Brenda Chapman.

La historia, ambientada en la Escocia del siglo V, muestra cómo una relación entre madre e hija se puede herir por la incapacidad de encontrarse y entender la una el punto de vista de la otra.

Adolescente de espíritu libre, Mérida rechaza las reglas que la madre, la reina Elinor, trata de imponerle. El choque entre ambas sobre la elección del futuro esposo de Mérida es crucial: ella, de hecho, no tiene ninguna intención de aceptar un pretendiente entre los que están en la corte, como quiere la tradición.

Tras la discusión con la madre, Mérida pide a una bruja un hechizo para que la madre cambie. Involuntariamente, sin embargo, la maga transforma a la reina en un oso. Puesto que ningún otro hechizo puede resolver el problema, la chica, arrepentida, lo intentará todo para que su madre recupere su aspecto.

Pasando más tiempo juntas, porque están obligadas a buscar una solución juntas, madre e hija cultivarán su relación: aprenderán a conocerse realmente y entenderán que vale la pena esforzarse para encontrar puntos de contacto.

La película enseña que, para cambiar, mejorar, recuperar las relaciones, es necesario hacer un camino fatigoso: ningún hechizo puede cambiar a nadie por dentro, así como ningún hechizo puede reparar las heridas causadas por el orgullo.

Tentación en Manhattan (Douglas McGrath, 2011)

Conciliar trabajo y familia, es el problema y el compromiso de muchas mujeres que aman el trabajo pero no quieren descuidar al marido y a los hijos.

Y es también el pequeño “drama” de Kate, interpretada por Sarah Jessica Parker, en la comedia del 2011 Tentación en Manhattan, película dirigida por Douglas McGrath.

Aún sabiendo que su marido y los niños la necesitan y deseando estar presente en familia, la protagonista, abrumada por los compromisos laborales, descuida a sus seres queridos, perdiéndose también momentos cruciales de sus vidas.

Frustrada por el sentido de impotencia por el que se ve obligada por sus jefes a poner el trabajo antes que los afectos, Kate deberá coger las riendas de su vida con fuerza y decisión.

Es conmovedor y simbólico el momento en el que, viendo que ha comenzado a nevar, deja todo porque recuerda la promesa hecha a la hija de hacer juntas un muñeco de nieve.

La película, que quizá exagera un poco la situación, muestra cuáles son las consecuencias de una vida vivida en esclavitud por el trabajo, y el mensaje de fondo es que el trabajo debe ser un medio, no un fin, sobre todo si en casa hay alguien a quien amar.