Mis nuevos amigos virtuales: el impacto emocional de las series de tv

Mis nuevos amigos virtuales: el impacto emocional de las series de tv

Hace unos años, cuando el fenómeno de la globalización irrumpió en nuestras vidas, numerosos debates académicos surgieron en torno a esta.

El más atinado de los escritos que leí contenía la siguientes ideas: había que partir de que la globalización era una realidad, que nos podía gustar o no, pero que no tenía caso hablar de si convenía o no que se diera, porque era ya un hecho y por lo tanto lo inteligente era saber cómo sacar el mejor provecho de ella.

Este mismo razonamiento lo quiero aplicar al fenómeno de la “serie adicción”, es decir al consumo masivo y constante de series de televisión. En la última década el número de series de televisión y espectadores que las prefieren sobre otros formatos ha ido en aumento. Desde mi perspectiva se puede sacar provecho de esta nueva adicción, pero para esto es importante conocer el porqué nos “enganchan” las series y que consecuencias emocionales tiene su consumo.

Mi enfoque es positivo, me declaro una consumidora de series tanto por obligación –investigo qué valores tienen los personajes- como por gusto.

Considero que son cinco las claves que explican el éxito de las series: la calidad de producción, la diversidad temática, el tipo de relato, la distribución y los personajes. En primer lugar las series han copiado los patrones de producción cinematográfica, y esto significa una mayor calidad y cuidado en la construcción y realización de la historia, por ejemplo la construcción de los personajes, la ambientación, la música, etcétera. En segundo lugar las series brindan un amplio espectro temático, de hecho la variedad de canales de televisión ha permitido producir series para nichos específicos de mercado. Por lo que se refiere al relato, las series tienen un formato similar a la “literatura por entregas”, que mantiene en vilo al espectador y lo obliga a ver el siguiente capítulo. En cuarto lugar, el desarrollo tecnológico permite hoy en día disfrutar nuestra serie favorita en cualquier canal -televisión abierta, televisión de pago, televisión por Internet, renta y compra de capítulos- y en cualquier momento.

Mención aparte merece el último factor de éxito: los personajes. Las series narran la historia de un conjunto de personajes –principales y secundarios- durante un amplio periodo de tiempo. Este largo arco narrativo ofrece la posibilidad de crear personajes complejos, bien construidos y presentados con detalle a lo largo de las diversas temporadas. Esta profundidad en los personajes no permite “adentrarnos” en ellos, conocerlos y, por nuestra propia naturaleza, establecer relaciones empáticas con ellos.

Considero que esta empatía con los personajes es un proceso que puede tener diferentes niveles, los cuales pueden ir en aumento o no. El primer nivel es la empatía cognitiva que consiste en entender a los protagonistas y sus circunstancias, lo que coloquialmente se traduce en “ponerse en sus zapatos”. El segundo nivel es la empatía emocional, que se refiere a la implicación afectiva con los personajes, es decir sentirse preocupado por sus problemas, experimentar alegría ante un buen golpe de fortuna del protagonista o notar angustia ante el peligro que acecha a la heroína de la serie. Es importante detallar que esta empatía emocional va más allá de que el personaje tenga un código moral enteramente bueno o enteramente malo.

Un nivel superior es lo que llamo empatía valorativa, una elemental valoración y aprobación al personaje: se puede traducir en “me gusta este personaje y por lo tanto es bueno”; bueno no en cuanto un juicio moral, sino en cuanto que me evoca o provoca un sentimiento bueno (No olvidemos que estamos aún en un nivel emotivo). Por último está la empatía proyectiva, es decir la capacidad de fantasear, de “volverse protagonista”, el “como si” se fuera uno de los protagonistas mientras se ve la serie. Esta fantasía hace que el espectador sea capaz de anticipar las situaciones a las que se expondrán los protagonistas o inferir cuáles serán las consecuencias de las acciones de éstos.

Conforme se van dando estos niveles de empatía se puede llegar a una identificación con los personajes. Esta identificación se puede dar de dos maneras distintas. La primera, como percepción de similaridad, la cual consiste en evaluar en qué medida el espectador considera que se parece a los personajes. Esta similaridad se verá facilitada si personaje y la audiencia comparten características como el sexo, la edad, clase social o cercanía cultural. La segunda identificación es la aspiracional. En este caso, la atracción por los personajes no se explicaría por la percepción de similaridad, sino porque generan admiración, atracción y son elegidos como modelos que reflejan aquello que se quisiera ser o alcanzar.

Por todo lo antes explicado es muy importante elegir las series que se verán, ya que se dedicará un gran numero de horas a ver y “acompañar” a los personajes. Este compartir tiempo con ellos hará que se establezca unas relaciones empáticas, que pueden derivar en proceso de identificación. Podríamos parafrasear el viejo adagio “dime con qué serie andas y te diré qué personaje quieres”…

* María Teresa Nicolás Gavilán es Directora de Posgrados de Comunicación de la Universidad Panamericana (México)