Un año de zapping. Guía crítica de los programas televisivos 2011-2012

Un año de zapping. Guía crítica de los programas televisivos 2011-2012

(Titolo originale: Alessandra Caneva (a cura di). Un anno di zapping. Guida critica ai programmi televisivi 2011-2012, Edizioni Magi, Roma 2012)

El mercado televisivo italiano carece de un sistema estable que mida la calidad de los programas transmitidos. Ha habido algunos (pocos) intentos aislados, principalmente por parte de la RAI, a través de cuestionarios escritos (VQPT, Verifica della Qualità dei Programmi Trasmessi) o entrevistas telefónicas (IQS, Indice di Qualità e Soddisfazione). Se han sucedido también las comisiones y los códigos de auto-regulación, que se proponen velar por este tipo de cuestiones, al menos de cara a la protección de los menores. Pero es bien sabido que lo que de verdad sigue rigiendo el mercado de las inversiones publicitarias -que es la clave del sistema televisivo actual, canales públicos incluidos, por desgracia- es elAuditel. Nadie está contento con este sistema (“la dictadura del Auditel”, se suele decir) basado en la estadística, que mide y relaciona solamente la cantidad de espectadores que ven uno u otro canal, y que además ha sido criticado innumerables veces por su falta de rigor, incluso respecto al único parámetro que se compromete a medir. Por ejemplo, uno de sus defectos es que no tiene en cuenta las situaciones en que el aparato electrónico (el famoso meter) -que se instala en las casas de las familias que aceptan formar parte del sistema-, memoriza los minutos sintonizados en cada canal, mientras el televisor esté encendido, independientemente de que haya alguien viéndolo o no. Otro aspecto discutido es si los hogares seleccionados representan bien a la población general, según el lugar geográfico, número de hijos, nivel social, etc. Y, más difícil todavía, es comprobar que todos los miembros de cada familia siguen las reglas establecidas por los analistas: es decir, la obligación de señalar su presencia o ausencia enfrente del televisor, aunque éste se encuentre ya encendido, utilizando su número correspondiente en el mando a distancia especial que ha instalado la empresa de medición, junto con el meter.

Con todo, lo cierto es que este sistema “cuantitativo-aproximativo” parece haber sido aceptado como un mal menor, y muy pocos aportan soluciones concretas para llevar a cabo un servicio complementario de medición cualitativa, que sería muy útil para los mismos productores e inversores publicitarios, pero, desde luego, se revela imprescindible para educadores y padres de familia.

La casi total ausencia de este tipo de trabajos se entiende no sólo porque pondrían en discusión todo el sistema (más de un programa de gran audiencia desaparecería de las pantallas, sobre todo si las encuestas de calidad incluyeran a los que no suelen verlos) sino también por la dificultad que supone este tipo de medición: requiere gran cantidad de analistas expertos, con una enorme dedicación de tiempo y mucha constancia. Un primer obstáculo, por ejemplo, consiste en establecer los distintos parámetros de calidad, sobre los que tampoco se ha llegado a un acuerdo en años recientes, tanto por parte de los espectadores como de los académicos y operadores del sector. ¿Por qué y en función de qué consideramos que determinado programa es bueno? ¿Qué baremos se pueden establecer para juzgar la calidad? ¿Serviría para algo un sistema basado únicamente en la puntuación? ¿Quién se tendría que encargar de esa valoración: una muestra representativa de espectadores variados, o mejor, un equipo de expertos, padres, educadores, etc?

Es por tanto digna de elogio cualquier iniciativa en esta dirección, y concretamente este proyecto editorial del Moige ( Movimento Italiano Genitori), que desde hace cinco años trata de informar a los padres, educadores e incluso operadores televisivos, mediante estas “guías”, acerca de los programas transmitidos en Italia durante la franja horaria de protección infantil (desde las 7.00 hasta las 22.30 horas).

La estructura de esta quinta edición es similar a las anteriores, si bien se pueden encontrar algunas novedades. Entre las constantes, citamos la parte central del libro, que reúne los programas de entretenimiento por orden alfabético, cada uno con su ficha técnica introductoria (datos cuantitativos de audiencia, día, hora y canal de transmisión, género/tipo de programa, nombre de los autores o protagonistas, etc.), su valoración cualitativa (con cinco niveles de puntuación) y su idoneidad según las edades (para mayores de 10, 12, 14, 18 años, o desaconsejable). Completa la ficha siempre una larga crítica, realizada por algún experto en comunicación, educación y/o psicología.

También en esta edición, al final del libro, se ofrece un glosario con los principales términos técnicos utilizados en las críticas, como flashback, share, spin off y algunos más.

En cambio, entre la novedades más destacadas de este año encontramos que, junto a la parte central referida a los programas de entretenimiento, se encuentran otras dos secciones: una dedicada a los dibujos animados (con casi 40 títulos) y otra a la publicidad (con una selección de 30 anuncios). Ambas, con estructura idéntica a la primera, y con una valoración que incluye no sólo los aspectos técnicos, sino sobre todo los contenidos escondidos, a veces subliminalmente, teniendo en cuenta también los posibles efectos psicológicos de estos espacios tan peculiares en un público infantil.

Otra novedad de esta edición es la valoración que se percibe en los programas de TV respecto a la seguridad vial. Se trata de un aspecto aparentemente marginal, y que podría explicarse sencillamente por el acuerdo que los editores han establecido con la Fundación Ania, una Organización de utilidad social sin ánimo de lucro ( Organizzazione non lucrativa di utilità sociale). Pero tras leer en la introducción que Italia es el único país de la Unión Europea que supera la cifra de 4.000 muertes al año por accidente de coche, la atención de la guía a este factor educativo queda más que justificada. La valoración no sólo se ofrece con un símbolo en cada programa (semáforo rojo, amarillo o verde, junto a los demás símbolos de calidad) sino que también se incluyen comentarios en los textos de las críticas, cuando la situación lo requiere.

Se constata una vez más la profundidad, seriedad y utilidad de estas fichas valorativas. El equipo de autores se mantiene relativamente estable, aunque también con algunas variantes. Por una parte encontramos de nuevo a Elisabetta Scala, como coordinadora del proyecto, en calidad de directora del Observatorio Media del Moige. Como editora del libro figura esta vez Alessandra Caneva, profesora universitaria de Escritura Creativa, escritora y autora de algunas series y mini-series televisivas de gran éxito y calidad.

Colabora también de nuevo Daniela Delfini (Licenciada en Letras - Historia del Cine), que ha trabajado en numerosos programas –de ficción y no ficción–, y lo ha hecho tanto como autora o story editor como productora o realizadora. Completan el cuadro de críticos Francesco Dentici (Licenciado en Ciencias de la Educación, Máster en Comunicación Multimedial), Francesca Orlando (Psicóloga psicoterapeuta, autora de numerosos libros), Maria Carlotta Quintiliani (escritora, pintora y decoradora, Licenciada en Estudios Histórico-Artísticos,) y Maria Isabella Quintiliani (Licenciada en Ciencias y Técnicas de Psicología, colaboradora de numerosos programas infantiles y experta de dramaturgia infantil).

El prólogo del libro lo firma un año más la ya veterana Anna Oliverio Ferraris, Profesora Ordinaria de Psicología del Desarrollo de la Universidad “La Sapienza” de Roma. En él, se encuentra una explicación acerca de la conveniencia de dedicar una parte de la guía a la publicidad: “la comunicación (…) es una realidad compleja y multiforme: contiene aspectos explícitos, evidentes, y aspectos implícitos, escondidos. De los primeros somos conscientes, de los segundos, no siempre. Pero ambos tipos de mensaje alcanzan nuestra mente y activan nuestras emociones (…). Espero que esta guía del Moige consiga tener un impacto entre los publicitarios y los responsables de la programación televisiva”.

Por último, quizá el único defecto digno de señalar en esta obra es uno de carácter formal: con el fin de mantener una estructura coherente y una dimensión estética, se ha limitado el espacio de las críticas a una página por programa. De esta forma, se ha reducido considerablemente el tamaño de la letra, y puede que para algunos lectores resulte excesivamente pequeña, y además con un color (carácter verde sobre papel amarillo-crema) más difícil de leer que en ediciones anteriores.

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