Amor, pasión, don del cuerpo. Apuntes sobre un libro de Nicholas Sparks
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Quienes aman leer relatos románticos no pueden no conocer a Nicholas Sparks, uno de los autores de novela romántica más famosos de Estados Unidos y a nivel internacional. Sus libros, traducidos en gran parte del mundo, tienen casi siempre como protagonistas a un hombre y una mujer que, tras encontrarse por caminos indirectos y misteriosos, atrapados por una pasión arrolladora y envueltos en un sentimiento presentado como puro, comprenden que están destinados el uno al otro.
La trama cambia, pero el hilo conductor es similar.
En el famosísimo libro Un paseo para recordar (1999), por ejemplo, ella —la estudiante modelo, chica de casa e iglesia, ridiculizada por todos en la escuela por su pureza— transforma el corazón de él, un joven rebelde y sin reglas, que en otro tiempo estaba precisamente entre quienes se burlaban de ella. Se nos presenta un amor que redime y que atraviesa incluso las fronteras de la muerte.
Aquí quisiera hablarles, sin embargo, de una de mis últimas lecturas de este autor: El refugio (2010), todavía disponible, ya que el libro tuvo y sigue teniendo un gran éxito de público.
Él es un periodista consagrado de Nueva York; ella, la bibliotecaria de un pequeño pueblo donde todos se conocen.
Él, arrogante y seguro de sí mismo; ella, introvertida y desconfiada.
Él, sociable, siempre de viaje, acostumbrado a las luces deslumbrantes de la ciudad; ella, amante de la naturaleza, de la rutina hecha de cosas sencillas, de las relaciones auténticas.
Él termina en el pequeño pueblo de ella porque, como periodista, debe investigar un hecho misterioso. Sus mundos parecen demasiado distantes para encontrarse. Y, sin embargo, ocurre lo impensable. La atracción es demasiado fuerte: los dos —descubrirá el lector— parecen nacidos para estar juntos, aunque todo parezca remar en contra de un posible futuro común.
Ugo Borghello hablaría del clásico “amor romántico contrariado” que hace crecer aún más el deseo de estar juntos y de “vencer” todos los obstáculos.
No quiero revelarles toda la historia, ni los giros inesperados, ni mucho menos el final. Quiero más bien reflexionar sobre algunos puntos que hacen que el libro sea apasionante y que la historia descrita resulte deseable, pero que, en realidad, no tienen conexión con la vida real. Leyéndolo, podemos pensar que queremos “un amor así”. El punto es que un amor así no se construye del modo en que el autor de este libro quiere hacernos creer.
Leyendo la historia, se puede creer que un hombre pueda estar dispuesto a dar la vida por una mujer dos días después de haberla conocido. El relato, que tiene el mérito de hacernos soñar con un amor capaz de entrega y que mire a la unicidad del otro, tiene el demérito de ignorar que esto, en la vida real, no puede suceder sin un conocimiento profundo, sin haber sanado afectivamente.
El protagonista es un hombre divorciado que, desde hace tiempo, con las mujeres, “solo se divierte”, hasta que encuentra a ella, “la indicada”, la que borra en un instante años de vida consumida y no entregada.
La historia toca sin duda fibras sensibles del alma femenina: a la mujer le gusta sentirse mirada como una criatura especial, capaz de redimir. Sin embargo, reprochamos al autor que esto, en la realidad, no ocurre sin un trabajo personal, ni mucho menos en pocas horas. Si bien es cierto que a veces sucede al inicio de una relación, no puede tratarse de un cambio estable y duradero, sino que suele ser fruto del enamoramiento momentáneo.
Alguien podría decir que estamos en el plano del “cuento” y que la novela no es un tratado sobre la relación de pareja. Y, sin embargo, no es irrelevante —desde el punto de vista del mensaje que transmite el libro— que después de dos días de trato los dos se entreguen recíprocamente por completo, a través del cuerpo, y que el autor nos presente ese momento como si su amor hubiera alcanzado ya la madurez de una relación propia de esposos.
No es un cuento, es una mentira.
El libro tiene el mérito de hacernos soñar con un amor que apunte a la totalidad; también tiene el mérito de mostrar el poder transformador del amor y de la confianza en el otro; pero nos deslumbra —lo decimos sin atribuir al autor ninguna intención dolosa— respecto al camino para encontrarlo y vivirlo.
Un punto clave es que el amor no nace de la intimidad física: es la intimidad del cuerpo la que nace de (y se alimenta de) la intimidad entre corazones.
La pasión, si es verdadera, no se parece a un brasero que se calienta de repente y arde sin reglas (el libro nos sugiere que no se puede frenar ni gobernar, porque es ella, en el fondo, la que nos dice la “verdad” sobre la relación); se parece más bien a una llama que necesita protección, porque es frágil, delicada y está siempre en riesgo de apagarse o de incendiarse cada vez que cambia el viento.
Más que encender el fuego “independientemente de todo lo demás” —en particular, independientemente del pasado o del futuro— conviene construir diques que custodien la relación.
Los cimientos que no ignoran el pasado, sino que lo asumen y la meta que implica tener una dirección son partes fundamentales de un amor sano que no niega la pasión, sino que la integra.
El don del cuerpo, además, es sincero si uno se ha entregado por completo en la vida. Los dos protagonistas se sienten fuertemente atraídos, piensan que es amor, pero todavía saben muy poco el uno del otro.
Y sin una verdadera entrega no hay comunión.
La historia nos arrastra, el autor es sin duda hábil para construir imágenes, escenarios y también para hacernos soñar. Sin embargo, no aceptemos como verdadero todo lo que nos muestra como tal. El “nosotros” necesita tiempo y premisas sólidas. Sin todo esto, no es amor: es un bellísimo, brillante, fascinante engaño.















