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Desde hace algún tiempo, los feeds de las redes sociales —desde Instagram hasta TikTok— están cada vez más llenos de contenidos que parecen inocentes pero que, en realidad, transmiten un mensaje claro: monetizar el propio cuerpo puede ser una forma de “tener éxito”. Un clip viral, que no cito aquí para no darle publicidad gratis, con música alegre y edición rápida, bromea con la idea de que este “trabajo” incluso paga los viajes. Pero detrás de la sonrisa hay un fenómeno complejo que merece atención.

El fenómeno y el mensaje

Influencers como Anna Malygon —22 años y millones de seguidores— muestran un estilo de vida deseable y hablan de ingresos vinculados a plataformas como OnlyFans, donde se venden fotos y videos que a menudo tienen contenido sexual. Este tipo de “comunicación” forma parte de una tendencia más amplia: cada vez más creadores jóvenes, especialmente entre los 18 y los 24 años, cuentan que producir contenido sexual es lo que les permite vivir bien, ganar dinero, viajar y “ser independientes”.

Adolescentes y percepción del trabajo sexual en línea

Ya no se trata de casos aislados. Investigaciones recientes muestran que los adolescentes conocen OnlyFans y sus mensajes económicos y culturales, incluso cuando son menores de edad. Un estudio publicado en la revista Sexuality & Culture encuestó a más de 160 estudiantes españoles de entre 12 y 16 años. Muchos describieron la plataforma como una alternativa “rentable e incluso emancipadora” al trabajo tradicional, minimizando los riesgos relacionados con la explotación y la exposición sexual.

Este tipo de percepción está ligado a la exposición constante a contenidos sexualizados en las redes sociales y a la normalización de la idea de que vender partes del propio cuerpo —desde fotos de pies hasta imágenes más explícitas— puede presentarse como una “elección empoderadora”.

Cómo las redes sociales están transformando la sexualidad juvenil

Los datos confirman un fenómeno más amplio. En España, un estudio realizado por el grupo de investigación GReVIA (Grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente) de la Universidad de Barcelona reveló que uno de cada tres jóvenes considera legítimo vender contenidos íntimos en línea, y que muchos ya habían recibido propuestas para ganar dinero desde su infancia.

Al mismo tiempo, encuestas realizadas en Italia muestran que más de la mitad de los adolescentes han enviado contenidos sexuales —como selfies provocativos o fotos íntimas a su pareja— a través de redes sociales y aplicaciones digitales.

Estos comportamientos no nacen de la ignorancia. Muchos jóvenes son conscientes de los riesgos, pero a menudo los consideran un efecto secundario aceptable de la vida digital, especialmente cuando perciben el posible beneficio social o económico de la visibilidad en línea.

El papel de los algoritmos y los modelos de éxito

Los algoritmos que dominan las redes sociales premian los contenidos que reciben más clics, comentarios y compartidos. Cuanto más una chica muestra su cuerpo, más el algoritmo impulsa ese contenido hacia una audiencia más amplia, generando likes, seguidores y —en el mejor de los casos— dinero. Este mecanismo de recompensa puede normalizar la auto exposición, haciéndola parecer parte de la vida digital cotidiana.

Esto genera un bucle en el que la validación social se mide en número de likes y seguidores, transformando la sexualidad y la intimidad en mercancía digital en lugar de aspectos privados del desarrollo personal. En este contexto, plataformas como OnlyFans pueden llegar a percibirse como una simple extensión de una carrera como influencer.

Una normalización que preocupa a educadores e investigadores

Los investigadores advierten que la difusión de mensajes que vinculan la expresión sexual con el beneficio económico puede influir en las expectativas de los jóvenes sobre lo que significa “tener éxito”. En el grupo de estudio mencionado, muchos participantes minimizaron los riesgos, a pesar de reconocer que la plataforma está asociada a contenidos para adultos.

En este escenario emergen dos cuestiones clave: la educación digital y sexual, y la regulación de las plataformas en línea. Los expertos sugieren que los programas escolares y familiares deberían incluir conversaciones sobre cómo funciona la economía digital de la atención, los riesgos de la sobreexposición y los límites de la privacidad y de la conciencia del propio cuerpo en los medios digitales.

Conclusión: entre oportunidades y riesgos reales

OnlyFans y plataformas similares no son fenómenos marginales. Reflejan una profunda transformación cultural en la que la economía digital, la sexualidad y la identidad personal se entrelazan de formas nuevas y a menudo ambiguas.

Por un lado, está el deseo de autonomía económica y de controlar la propia imagen; por otro, la presión de mostrarse y monetizarse dentro de un ecosistema que recompensa lo que antes se consideraba íntimo o privado. El desafío hoy es entender cómo ofrecer a los jóvenes herramientas críticas y educativas para navegar estos espacios, reconociendo tanto las posibles oportunidades como los riesgos reales de explotación y de impacto psicológico.

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