This Is Us: de Estados Unidos una nueva serie de televisión que valora los afectos familiares

This Is Us: de Estados Unidos una nueva serie de televisión que valora los afectos familiares

Rebeca sonríe al mirar las dos lavadoras que están en el sótano de casa. Recuerda cuando los tres niños eran pequeños y esas lavadoras trabajaban a pleno rendimiento. Recuerda también cuántas veces su marido Jack había tenido que intervenir para tratar de arreglarlas, en medio de la espuma que salía sin control de su tambor.

Esta es una de las muchas notas de atención a las costumbres familiares de la que está llena This Is Us un nuevo Family Drama emitido desde hace poco. La serie se puede considerar atemporal, en el sentido de que no desarrolla la historia de los tres hermanos y de sus padres de forma lineal, empezando desde el principio, en los años 80 para llegar a nuestro días, sino que pasa con desenvoltura del presente al pasado precisamente porque lo que cuenta es cada momento afectivo que se crea: ya sea el momento en el que los cónyuges, después de haber peleado, se reconcilian o la sabia sugerencia que un hermano da a otro o también por qué los Big Three se reúnen finalmente todos juntos por Navidad o el día de Acción de gracias. Los saltos temporales siguen en realidad una lógica, la de la homogeneidad temática porque cada capítulo, de forma implícita, sigue un tema específico que sirve también para subrayar lo cruzadas que están las vidas de los componentes de una familia: una decisión tomada en el pasado termina repercutiendo también en el presente y el recuerdo, bueno o malo de lo que ha sucedido, termina por condicionar la situación presente.

En algunos episodios aparece también la religión: el pequeño Kevin, que ha aprendido de la madre que la Navidad no está hecha solo de regalos sino que es “algo que tiene que ver con Jesús” se dirige a una tienda de artículos religiosos y entre las muchas figuras de la Virgen y de los santos, pregunta a la dependienta: “¿cuál es la que te ayuda a rezar mejor?”. Bonito también el episodio del bombero que ha recogido al pequeño Randal abandonado delante de la puerta de la estación, un hombre bueno, que va a confesarse para hablar de su momento de crisis matrimonial y pide al sacerdote el “milagro” de su reconciliación. Se trata, a decir verdad, de un encapsulamiento temático que no tiene un impacto serio en la estructura narrativa; lo que tiene más relevancia es la “religión de lo humano”, es decir la de esa sabiduría del buen comportamiento que se expresa frecuentemente con frases que no esconden su solemnidad y que casi en cada capítulo, son pronunciadas por los protagonistas. El doctor K se dirige al quebrantado Jack, después de la muerte del tercer gemelo, para recordarle que es necesario transformar un limón agrio en una limonada y le sugiere adoptar el recién nacido de color que acaba de ser llevado al hospital. El mismo doctor K, al encontrar a Randal de diez años, le señala que: “si de mayor encuentras la forma de mostrar a alguien la misma bondad que tus padres han tenido contigo, esto será el regalo más bonito que tú me podrás hacer”.

No faltan aun así algunas aproximaciones a las modas actuales: entre los protagonistas hay también un bisexual, situación que es aprovechada para lanzar flechas contra la homofobia; otros dos de ellos se conceden una noche a base de marihuana, no sin haber aclarado, quizá para tranquilizar al público, que los médicos han declarado que el consumo de hierba no produce ningún riesgo de adicción.

En conjunto la serie consigue proponernos con intensidad muchos momentos de verdad familiar aunque a veces no logra evitar la fácil emoción ni la suministración de píldoras de filosofía de vida.

Desconcierta un poco el compromiso difundido de categorías psicológicas para la caracterización de los varios personajes: Kate parece definida solo por su complejo de sentirse en sobrepeso; Kevin es un hombre perennemente inseguro y obsesionado por el ansia de tener éxito como actor, William ha sido tóxico dependiente, Jack recurre a menudo al alcohol y Randal se siente en la obligación de adoptar a toda costa un niño para devolver el generoso gesto que los padres adoptivos han tenido con él. Incluso su tratar de ser siempre una ayuda para todos no es visto por la mujer como una virtud sino que es percibido como “una obsesión por la perfección”.

No se trata nunca de personajes propositivos que han identificado el objetivo de su vida y lo persiguen con tenacidad sino que son solo reactivos respecto a las propias pulsiones de temperamento y a los condicionamientos recibidos en la infancia.

Un juicio crítico

La serie valora todos los afectos familiares (entre cónyuges, entre padres e hijos, entre hermanos) evidenciándose como las fuentes a las que acudir para una vida feliz. Desde el punto de vista técnico, sabe construir momentos de emoción sincera y de conversación íntima aunque también tiende a estereotipar a los protagonistas en función de sus peculiaridades de carácter.

La serie fue emitida en Fox Life desde noviembre de 2016 y ahora está disponible en la plataforma Prime Video.