Cómo hablar del mal a los niños: seis consejos
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¿Cómo podemos hablar del mal en el mundo a los niños? Desde las noticias sobre homicidios y guerras hasta las situaciones difíciles que nos rodean cada día, ¿cómo podemos educar hijos fuertes y llenos de esperanza? ¿Y cómo hacerlo sin asustarlos ni inquietarlos, sino animándolos a convertirse en parte de esa fuerza para el bien que el mundo tanto necesita?
Soy madre de dos niños menores de diez años. Cuando son pequeños, intentamos protegerlos de todo lo que pueda herirlos o alterarlos, evitando exponerlos a realidades duras o difíciles de comprender: guerras, accidentes, enfermedades, muertes repentinas. Pero luego crecen. Y las noticias les llegan de todos modos: en el colegio, a través de sus compañeros, por las redes sociales de los adultos o incluso por una radio encendida.
Es imposible —y tampoco es bueno— mantenerlos al oscuro de todo lo dañino. Este mundo, con sus luces y sus sombras, con sus impulsos de bondad y sus caídas en el mal, es el mundo que les tocará vivir.
Este artículo no pretende ser un manual, sino más bien una invitación a la reflexión, sobre todo porque son ellos mismos los primeros que nos ponen en aprietos con sus preguntas.
- Es más fácil encontrar el bien que el mal: ayudémosles a ver el lado positivo de la vida.
Mostremos a los niños cuánto bien hay en el mundo, aunque a menudo no se hable de ello. Hay más personas que curan que personas que hieren; más personas que ayudan que personas que destruyen; más gestos de bondad silenciosa que maldades ruidosas. Hacerles ver el bien refuerza en los niños la idea de que el mundo es un lugar seguro, que la vida es buena y que vale la pena confiar.
- En el mundo hay tanto bien como mal: conviven como el trigo y la cizaña. Ellos pueden elegir de qué lado estar.
El mal existe porque no todo el mundo ha aprendido a respetar a los demás, porque algunos quieren demasiado para sí mismos o porque el egoísmo puede llegar a dominarnos. La guerra nace de corazones que ya no saben ver al otro como a un hermano. Sin embargo, los niños deben saber que ellos pueden formar parte del cambio: pueden llevar paz al colegio, a sus amigos y a su familia.
El mundo no se arregla solo: empecemos nosotros a aparcar el derrotismo y ayudemos a los más pequeños a tener un corazón grande.
- ¿Por qué el silencio o las mentiras no ayudan?
La doctora Loredana Luise, psicóloga y psicoterapeuta, explica cómo hablar de la guerra a los niños. Señala que el silencio no protege, sino que aumenta la ansiedad y las fantasías que asustan. Los niños perciben el mal y les da miedo, aunque nosotros no lo mencionemos. Por lo tanto, hablemos de ello con palabras sencillas y tranquilizadoras, convirtámonos en su puerto seguro y eduquémoslos en la paz.
- La muerte también existe, pero no debe ser un tabú.
La muerte duele, hace llorar y deja un vacío. Es importante ser sinceros sobre esto. Sin embargo, a los niños también hay que darles un mensaje de esperanza: la vida no termina, cambia. Es un paso natural que nadie evita, pero el amor nunca muere.
Incluso muchos padres no creyentes les dicen a sus hijos que los abuelos «están en el cielo», porque creer que la vida continúa es una necesidad del corazón humano, antes que un dogma de fe. No privemos a los niños de este profundo consuelo.
- Ayudémosles a reconocer el mal… empezando por su propio corazón.
Para crecer fuertes y libres, los niños —y más adelante los jóvenes— deben aprender a no caer en las dinámicas del mal. Por ejemplo: no responder mal a palabras descorteses o hirientes, no guardar rencor, pedir perdón cuando se equivocan, saber decir «no» cuando algo los hace sentir incómodos y elegir la bondad, la honestidad y la sinceridad aun cuando resulte difícil.
El primer lugar del que se expulsa al mal es del propio corazón.
- Educar para la no violencia y alimentar la esperanza ayudándoles a ver alternativas
Lee-Ann Chae, profesora asociada de Filosofía en la Universidad de Temple (Filadelfia, EE. UU.), trabaja en el ámbito de la ética y la infancia, y explica la importancia de educar para la paz sin asustar. El mal existe, pero es posible concienciar a los niños sin asustarlos, utilizando palabras sencillas y pacíficas.
En su trabajo, Lee-Ann Chae explica, hablando por ejemplo de la guerra, que es fundamental ofrecer a los niños palabras verdaderas y permitirles imaginar alternativas no violentas.















